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La historia de Oviedo nace en la falda de un monte, el Naranco, que aún hoy parece proteger a sus habitantes.

Bajo sus 635 metros de altura crece incesantemente la capital del Principado y es en su falda donde se guarda una de las mayores joyas de Asturias, dos de los mejores ejemplos del prerrománico asturiano, declarados en 1985 por la UNESCO “Patrimonio de la Humanidad”: Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo.

El Naranco, a tres kilómetros del centro de la ciudad, que fue campamento militar romano, residencia real o campo de batalla, continúa siendo hoy un referente para los carbayones, que no dudan en subir, bien para disfrutar de las increíbles vistas de la ciudad bien para hacer deporte o comer al aire libre.