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Para encontrar el embrión de Oviedo hay que remontarse al siglo VIII cuando dos monjes, Máximo y su sobrino Fromestano, quizás huyendo de la invasión árabe de toda la península, eligieron una colina del valle central asturiano, limitada por riachuelos, para fundar un monasterio en honor a San Vicente.

Aquella zona era llamada entonces Oveto, un nombre cuyo significado originario se desconoce pero en torno al que han ido creciendo las leyendas.

Una de ellas dice que el rey Fruela, considerado el monarca fundador de la ciudad, salió un día de caza junto a unos amigos. A la hora del almuerzo, el rey escogió un lugar idílico, un valle en la falda de un monte.

Entonces, surgió una pregunta al monarca: ¿Señor, dónde vas a construir la corte de tu reino? Fruela, sin dudarlo, dijo entonces en latín: Ubi edo, “donde como”.

Fruela