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La torre de la Catedral, junto a la imagen del Sagrado Corazón, en lo alto del monte Naranco conforman para muchos ovetenses los “pilares” de la ciudad.

Levantada sobre la basílica encargada por Alfonso II El Casto, bajo la advocación de San Salvador, la basílica fue creciendo hasta absorber otras construcciones, también encargo del monarca, como el palacio regio o la iglesia de Santa María.

La capilla de aquel palacio es hoy la Cámara Santa, la parte más antigua de la construcción en la que se guarda el Tesoro catedralicio en el que destaca la Cruz de los Ángeles, símbolo de Oviedo, y donación de Alfonso II; la Cruz de la Victoria, símbolo de la región que aparece en su bandera y donación, en el siglo X, de Alfonso III; la Caja de las Ágatas, donación de Fruela II en el año 910 y el Arca Santa, en la que se guardan reliquias de la cristiandad, entre ellas el Santo Sudario.