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Desde Las Caldas puede volver a Oviedo  por la misma senda en dirección contraria o en autobús urbano (Línea G-1 con una de sus paradas frente al balneario y servicio cada hora). 

Si quiere seguir paseando, antes de salir de Las Caldas hacia Caces, vera una portada de piedra y detrás una masa de árboles, es la entrada al Castillo, privado y no visitable; aunque apenas se puede ver desde el exterior, sus torres almenadas y cubiertas de vegetación y sus ventanas ojivales son como la ilustración de una leyenda romántica; las verá cuando cogiendo la carretera que bordea la finca se dirija hacia el río. El edificio original fue construido en época de Alfonso II (c. 760-842), apodado el Casto, destruido en el siglo XIV, pasó luego a manos del Obispado de Oviedo y se fue deteriorando. La construcción actual, historicista, se levantó en el siglo XIX a partir de las ruinas del original.

Caminando por la carretera, apenas a unos metros, a la izquierda, verá una llanada y allí al lado, las piscinas públicas de Las Caldas. No suelen estar demasiado concurridas, así que en verano es una buena opción para el baño, aunque también hay a veces bañistas en el rio. Antes de cruzar el puente sobre el Nalón, a la derecha, tiene una pequeña zona de juegos infantiles. Al otro lado del puente, está señalado el acceso hacia la zona libre de pesca sin muerte. 

Si quiere seguir hasta Trubia  puede hacerlo desde Fuso de la Reina, enlazando la senda verde Oviedo-Fuso con otra senda, la de Fuso-Tuñón, ya con más ánimo senderista, aunque está muy bien señalizado, incluso con la advertencia de los lugares donde el caminante va a  compartir espacio con vehículos. 

En el primer tramo se encontrará con las canalizaciones  hacia la central de Puerto –con el sonido del agua entre  vegetación de ribera, abundancia de castaños y mucho “prao” con vacas- y con el puente colgante: una pasarela sobre el Nalón de 96 metros de longitud que se cimbrea, por lo que allí mismo se avisa de que hay que cruzarlo sin pararse y con los ciclistas también a pie.

Las distancias son cortas y el paisaje siempre verde y con fincas bien cuidadas, merece la pena, incluso bajando por la carretera: de Puerto a Caces no llega a dos kilómetros y de la entrada de Caces a Las Caldas, uno.

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Minifundios, “caleyas” y pomaradas 
 
En sus paseos habrá advertido que este es el paisaje de los mil verdes, todo él hecho de pequeños retazos de terreno. En Asturias las fincas no son grandes, históricamente en el campo lo que predomina es el minifundio. Por los pueblos y entre fincas los caminos se denominan “caleyas” y si en los márgenes tienen sebes espinosas, sepa que a eso se les llama “escayos”, en los que, con suerte, puede encontrar sabrosas moras silvestres. Más básico aún es conocer que las plantaciones de manzanos se denominan “pomaradas”. Y una última palabra que aunque es español y no bable, tiene en Asturias más uso y conocimiento. “Argayo” es como se llama a los desprendimientos de roca o tierra sobre caminos y carreteras. Pero no se preocupe, los desmontes que encontrará en esta zona están protegidos y cuidados, como lo está hasta el final del municipio de Oviedo toda la senda que aquí se propone...

Entre la vía del tren y el río

Desde Caces sigue la senda, que desde aquí hasta el final del municipio va a ser compartida a tramos con la carretera local, bien señalizada con velocidad limitada para los vehículos. La senda atraviesa  el pueblo de Caces, pasa por  a las antiguas escuelas, ahora Centro Social, y va hacia Pintoria. 

En el trayecto es habitual encontrarse con caminantes y ciclistas además de vecinos en su trasiego diario. Se ve arriba el monte de Sograndio, abajo, el río y a unos 200 metros, un paso a nivel del tren. La senda se vuelve luego completamente llana y el caminante  tiene: a la izquierda, Pintoria; a la derecha, el valle de Godos; y enfrente, las peñas del monte Fansorda. 

Esta es una zona de caza; junto al camino hay bosque de ribera con abundancia de fresno y castaño, aunque a la derecha verá una importante plantación de eucaliptos que explota una fábrica papelera.

Tras un repecho en el camino, a unos 900 metros de Caces, el camino empieza a bajar y entra en el valle de Trubia. La vía del tren va a la izquierda de la carretera, un poco en alto y sobre un muro antiguo de piedra, y  el río a la derecha, casi a la misma altura que el camino. Es una zona de gran belleza en cualquier época el año.

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En el monte, jabalíes; en el llano, “roxas”

Los jabalíes que ahora llegan a adentrarse, y pasearse, hasta zonas urbanas, incluso en grupo familiares, con sus crías (llamados jabatos y también rayones) , son algunos de los animales que se cazan en esta zona en al que también hay corzos, raposos, perdiz, becada o y arcea.

Hablando de animales y de “praos” en esta zona como en toda Asturias, lo que podrá ver son muchas vacas, con dos razas autóctonas reconocidas: “la asturiana de los valles” y la “asturiana de montaña” o “casina” y son las únicas que dan origen a la “ternera asturiana” certificada; ambas son de origen europeo y pertenecen al tronco castaño, con capa de color marrón rojizo que en bable se traduce por “roxa”. La vaca casina se cría para producción de carne  -con reconocimientos internacionales (World Steak Challenge) como la mejor del mundo- y con orientación mantequera por su leche rica en grasas. La “asturiana de los valles” pare terneros de gran tamaño y se cría para producción de carne sobre todo en los ejemplares de tipo culón.

Asturiana de los Valles

El carbón que caía del tren

Es una zona llana de fincas de cierto tamaño, con vacas pastando, y por donde aún queda una pequeña parte de lo que fue una gran plantación de kiwis. La senda va todo en llano y en el río, a su derecha, no es infrecuente ver patos.

A 3,6 kilómetros de Caces encuentra un cruce bien señalizado: hay que seguir de frente. En el río verá los restos de un antiquísimo puente, que al parecer nunca se terminó de construir; en ese lugar cuentan los vecinos, había un paso en barca porque los lugareños recogían el carbón que caía del tren y lo transportaban cruzando el río para acopiarlo y venderlo después.

Se entra en Trubia por la zona industrial, dejando a la izquierda las casas del antiguo pueblo de Nalón. A la derecha verá una pasarela por donde iba el tren de Trubia a Oviedo y que hoy es solo peatonal. La senda verde enlaza aquí con el final de la pasarela de Soto a la fábrica. Enfrente tiene la estación de Trubia, con servicio de cercanías (FEVE-www.renfe.com) y a la izquierda entra ya en la calle comercial de Trubia, la calle del Vasco (llamada así por el antiguo ferrocarril).

La “cañonera”

En  Trubia, donde se unen los ríos Trubia y Nalón, encontrará el reflejo de un ejemplo único de lo que se ha denominado “pueblo-industria” en cuyos elementos, pese a que algunos presenten un importante deterioro, aún se ve la profunda relación de la fábrica de armas –constituida para municiones en 1794- y la vida y la sociedad que se creó en su entorno.

Al entrar en Trubia, conocida como “la cañonera”, detrás de la estación y al fondo, aún están en  pie los chalets de las viviendas de ingenieros, y si sigue de frente, toda la barriada obrera de Junigro, con casa alineadas en hileras continuas sobre cuatro calles; al final de ellas, el polideportivo, en su tiempo plaza de abastos, el casino obrero; y seguido, sobre la plazoleta, el quiosco de la música y enfrente el actual Centro de Salud, en un edificio que fue el de las Escuelas y que se levantó con proyecto de Juan Miguel de la Guardia. Ahí mismo verá un puente con dos cañones alzados y al otro lado, la fábrica que dio origen a todo esto.

Casino de Trubia

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Calles con nombre “propio” y un casino centenario

El barrio de Junigro se levantó hacia 1860 para alojar a los obreros de la fábrica, con fraguas en los bajos. Las casas ahí siguen, pero frente a las casi 3.000 personas que las habitaban hacia 1930 hoy sus vecinos rondan solo los 200. Las casas se levantan en paralelo y en cuatro calles que tienen oficialmente los nombres de: General Cubillo, General Fonsdevila, Coronel Hernando Espinosa y General Elorza; popularmente sin embargo se llaman, y asi todos las conocen en Trubia, como las calles del Monte, la Empedrada, la del Medio y la del Río. Sobre esta última y dando en chaflán hacia la plazoleta (Plaza de General Ordoñez) el casino y su teatro, centenario en 2018, como herencia de un tiempo cuando la localidad tenía economato, oficina de correos, cooperativa obrera, dos periódicos, dos orquestas, orfeón y cuadro artístico.

Dos en una

La Fábrica de Armas de Trubia, propiedad del Ministerio de Defensa, sigue en funcionamiento y en ella se han juntado la producción y el personal que queda de las dos fábricas de armas que hubo en Oviedo, tras cerrar la más urbana, la de La Vega, junto a Santullano. La Fábrica de Trubia fue creada a finales del siglo XVIII para asegurar el suministro al ejército español,  ya que otras estaban próximas a la frontera con Francia, y aprovechando que el lugar ofrecía agua en abundancia y suministro de carbón, de las cercanas minas de Langreo. El primer horno se levantó en 1797 aunque la factoría fue creada 3 años antes. Se considera que es el bien industrial más antiguo de Asturias. Tuvo una primera época de esplendor a partir de 1844 bajo la dirección del General Elorza y una asegunda época de gran producción, durante la Guerra Mundial (1914-1918). En la actualidad, la Fábrica de Armas de Trubia tiene 380 empleados aunque da también trabajo a otros 700 entre externos y subcontratas. En el área industrial del complejo se trabaja en el carro de combate Pizarro, para el ejército español, y en el SV del ejército inglés.


En Trubia la senda continua junto al parque por la Avenida de Sotomayor de la que hay que cruzar hacia le puente y continuar por la acera, con el rio a la derecha. El caminante está a unos 6 kilómetros de Caces y a unos 9 kilómetros de Fuso. Si es momento de reponer fuerzas, en Trubia tiene  bares, restaurantes y sidrerías. Y si prefiere volver ya hacia el centro de Oviedo en transporte, sobre la carretera que discurre frente a la fábrica tiene varias paradas autobús urbano (línea L1). 

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Otro arte

Oviedo tiene en Trubia una reclamación siempre pendiente de resolver, la de un Museo que acoja y muestre los fondos de la fábrica, cuyo gran archivo ya ha sido ahora documentado. Entre los bienes a incluir en el Museo hay pinturas, vidrieras, herrajes, así como piezas escultóricas de función en hierro y bronce, además de una biblioteca de unos 9.000 volúmenes de temática militar pero también de otras materias y con ejemplares del siglo XVIII.

De momento, en Trubia, el visitante tiene otro arte para admirar y relacionado con la senda. Se trata del mural que pintó el artista asturiano Miguel Mojardín por encargo de la constructora que levantó las nuevas viviendas. La obra, titulada “Trubia en tes tiempos”, algo estropeada por grafiteros, data de 2005 y está considerada la mayor pintura mural al aire libre de Asturias (70 X 12 metros) y está realizada sobre el muro de las antiguas tolvas de carbón; allí mismo hay bancos bajo un tejadillo de la vieja estación.

Mural de Trubia

Al final, un “potro”

La senda sigue cercana al rio –que es zona de pesca libre sin muerte- y el paseo llega al Parque de Cataluña con pinta afrancesada en sus parterres y bancos en los que descansar bajo una buena variedad de árboles. A la izquierda tiene el campo de fútbol del Real Juvencia y detrás otro barrio obrero, el de Corea, aunque el entorno es totalmente rural.

La senda sale hacia San Andrés por una estrecha carretera que comparte el tránsito con los vehículos. A la derecha quedan los pueblos de El Villar y Las Cuestas y enfrente se ve el peñón de Guanga, detrás del que están las cascadas del mismo nombre, a las que hay que llegar por otra ruta. En San Andrés está a última parada del autobús urbano (L-1) y allí mismo junto a la parada, hay lavadero y fuente (datada en 1911); enfrente de estos, hay una  pequeña construcción sobre el río, extraña para el urbanita: es un “potro”, el lugar donde se acondicionaban los cascos del ganado y se aseaban los animales.