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La ciudad de Oviedo fue fundada en 761 sobre una colina situada en el cruce de caminos que unían, de norte a sur, León con Lucus Asturum, la actual Lugo de Llanera, pasando por el puerto de Pajares, y el que se dirigía al oeste en dirección a Galicia. La colina, en ese momento desierta, llamada Ovetao u Oveto fue ocupada por los monjes Máximo y Fromestano, quienes construyeron un monasterio que dedicaron a San Vicente -una placa recuerda esta ubicación-.

En torno a él se fue levantando la ciudad en una estructura redonda y limitada por varias puertas de entrada a la ciudad, “el Oviedo redondo”. Desde 2012 Oviedo se organiza en distritos que facilitan su gestión desconcentrada.

La arteria de la ciudad es la calle Uría. Una placa en esta vía recuerda el punto exacto donde se ubicaba El Carbayón, el roble centenario derribado en 1879, con bastante polémica y que, desde entonces da nombre al gentilicio popular de “carbayones y carbayonas”, para llamar a los ovetenses.  Un pedazo del tronco de El Carbayón se conserva en el Ayuntamiento de la ciudad.

DIEGO TERRERO, El Carbayón, c. 1879. Archivo Municipal de Oviedo

 

Oviedeces

Carbayones (árboles, pasteles…vecinos)

Los ovetenses somos “carbayones” un gentilicio no oficial que recuerda, en aumentativo, a un gran roble (“carbayo” en asturiano) que existía en la parte baja del Campo San Francisco. Su tala, en 1879, suscitó un fuerte debate político y ciudadano y se justificó por la apertura de la nueva calle central de la ciudad, hacia la estación del tren, la calle Uría, donde una placa de bronce recuerda ahora el emplazamiento de aquel árbol, un tronco del cual se guarda en una urna en el Ayuntamiento.

Además de los ovetenses, “carbayones” son también los pasteles más típicos de Oviedo: pasta de almendras en cuna de hojaldre bañada con yema y azúcar.