Campo de San Francisco
Superficie: 90.000 M2

Equipamientos
  • Riego automático
  • Juegos infantiles (0 a 6 años y 6 a 12 años)
  • Mesas de ping-pong
  • Pista de Skate
  • Canastas Baloncesto
Características Botánicas

Especies predominantes: Tilos, Castaños de indias, Arces, Plátanos, Chopos, Fresnos, Encinas, Laureles, Magnolios, Crataegus, Palmaceas, Cedros.

Elementos Arquitectónicos
  • Quiosco de la Musica
  • Bustos: Alfonso Iglesias, Palacio Valdés, Manuel Fernandez Avello, Juan R. Muñiz, Paulino Vicente, Sabino Fernandez Campo.
  • Esculturas: La Maternidad, La Torera, San Francisco de Asís, José Tartier, Marqués de Santa Cruz
  • Fuentes: La Cuentona, Fuente de las Ranas, Fuente del pez, Fuente del Caracol, Fuente Clarín, Fuente del Angelín
  • Arco de San Francisco.
Otras características
  • Estanque de los Patos
  • Estanque de Covadonga
Historia del Campo de San Francisco

El Campo de San Francisco tiene una superficie total de 90.000 metros cuadrados de los que 55.000 son zonas verdes.

El total de árboles asciende a 955 ejemplares. Hay 51 especies diferentes y más de 100 variedades. Los más abundantes son los castaños de indias, tilos, plátanos de sombra, y arces.

Los árboles más viejos son robles con una edad estimada de unos 300 años.

El árbol más alto es un plátano de sombra que supera los 40 metros de altura.

Para conservar la superficie del Campo se precisan 7 jardineros a jornada completa.

La media de árboles que se secan cada año está entre 5 y 6 ejemplares que coincide con la media de plantaciones. La causa de enfermedad más frecuente son los ataques de hongos parásitos que se deben sobre todo a la debilidad de algunos ejemplares causada por la edad.

Además se realizan trabajos de poda y cirugía arbórea durante dos meses en invierno para garantizar en la medida de lo posible la seguridad de los usuarios.

La historia del Campo está unida a la historia de Oviedo, su origen se encuentra ligado a la construcción en el siglo XIII, de un monasterio franciscano levantado donde hoy se encuentra el edificio de la Junta General del Principado.

El Campo fue en origen un conjunto de huertas propiedad del Cabildo, varios conventos y algunos particulares. En 1534 los representantes de la ciudad y el Cabildo catedralicio deciden convertirlo en espacio de uso público, un uso que se mantiene hasta nuestros días, a pesar de los grandes cambios producidos en la ciudad a lo largo de los siglos.

Durante todo este tiempo el Campo experimentó muchas transformaciones, pues fue urbanizándose a medida que aumentaban las necesidades, con la construcción de paseos, glorietas y caminos arbolados para disfrute del público. El primer paseo que se abrió, se corresponde hoy con la Avenida de Italia, fue durante siglos el arranque de la carretera a Galicia, desde la actual Plaza de la Escandalera.

A mediados del siglo XVIII se abrió en el eje occidental del Campo, el Paseo del Bombé, sin duda el más notable del conjunto, donde se levantaría un edificio singular, el Salón Bombé, que marcó un hito en la memoria histórica de los ovetenses.

El siglo XIX, con su apogeo urbanístico, marcó la traza definitiva del Campo con la apertura de la calle Uría y Marqués de Santa Cruz. El Paseo de los Álamos surge como avenida ajardinada paralela a Uría. El actual mosaico del pavimento es obra del gran artista Antonio Suárez.

Los alcaldes Ramón Secades y Longoria Carvajal cambian definitivamente en el siglo XIX la fisonomía de lo que era una simple mancha boscosa, convirtiéndola en una especie de parque inglés, ajardinando una buena parte de su superficie y construyendo fuentes ornamentales, La Fuentona y la Fuente de las Ranas, ligadas a las grandes obras hidráulicas de la ciudad, que aún hoy pueden contemplarse limitando el Paseo del Bombé en sus extremos.

Dentro de la actual imagen de este parque singular, merece la pena detenerse en la contemplación del quiosco de la música (1899), obra de Juan Miguel de la Guardia, en la portada románica del viejo templo de San Isidoro o en los monumentos dedicados a José Tartiere y a Clarín, obras de los escultores Víctor Hevia y Manuel Álvarez Laviada

Callejero